miércoles, 15 de marzo de 2017

Actitud ética en psicoterapia sistémica

Actitud ética en psicoterapia sistémica

Por: Dr. Bismarck Pinto Tapia, Ph.D.


Está claro que la ética no puede expresarse con palabras.
Ludvig Wittgenstein

El
 estudio de las actitudes es función de la Psicología Social, las define como la dirección del comportamiento, los sentimientos y los pensamientos hacia determinados objetos sociales. El ámbito donde más se las estudió es en política, por ejemplo, interesa conocerlas en relación a los partidos políticos y sus candidatos durante las elecciones. También ha sido de la incumbencia de esta área de la Psicología el análisis de los prejuicios, considerados como actitudes irracionales asentados en estereotipos. Sin embargo, se ha interesado muy poco en las actitudes en las relaciones terapéuticas, las actitudes de los terapeutas hacia los pacientes y viceversa.
La ética es campo de reflexión de la filosofía, puede ser entendida como la rama encargada de la crítica a la moral o como una decisión ante situaciones relacionadas con el bien y el mal. En esta segunda acepción es importante diferenciarla de la moralidad. La moral es la decisión ubicada en las normas sociales relativas a la socio historia de una cultura, determina el actuar, sentir y pensar correctos o incorrectos determinados por los mandatos arbitrarios de la sociedad a la cual pertenece la persona.
Una decisión es moralmente correcta o incorrecta si obedece a los principios establecidos por las normas y reglas sociales, usualmente ceñidas en el castigo. Las normas hacen referencia a  principios estipulados en documentos determinados por consenso y aprobadas por la institución reguladora. Las reglas son lineamientos fijados por acuerdos reconocidos como válidos pero que aún no se han instituido en un acuerdo escrito. Desde ese punto de vista un comportamiento puede ser moralmente correcto en una cultura e incorrecto en otra. Por ejemplo, en algunas culturas es correcta la ablación del clítoris en las núbiles, por lo tanto es un procedimiento obligatorio, mientras en otras sociedades se considera una práctica aberrante. Otro ejemplo, matar a un semejante es incorrecto, pero se convierte en correcto durante la guerra, al grado de considerarse un acto antipatriótico el rechazo a asesinar durante un combate, y puede ser sancionado con la muerte.
La ética es superlativa a la moral, es la elección entre el bien o el mal, a diferencia de la moral no responde a un código establecido por la normatividad, por lo tanto no es relativa a ninguna condición pre establecida, es absoluta. No necesariamente es racional. Durante el juicio moral las personas analizamos nuestra conducta en función a las reglas, reflexionamos sobre las consecuencias de nuestro accionar; mientras que en el juicio ético actuamos y después razonamos.
El comportamiento moral puede ser juzgado por los demás, el referente es si nos comportamos según los principios predeterminados o no. Durante un partido de fútbol el árbitro moralista evalúa las jugadas a partir de los parámetros definidos por los reglamentos establecidos por la FIFA. Veamos un ejemplo: Messi ha gambeteado a tres jugadores, queda solo frente al arquero y un defensor desesperado lo empuja, a pesar de ello el extraordinario jugador argentino continúa con la jugada…el árbitro rigorista sanciona la falta. La persona moralmente correcta sabe que actúo “bien” si compara su comportamiento con los dictámenes del reglamento. En la Universidad, un estudiante aprueba con 51, el profesor rigorista considerará 50,5 como correspondiente a reprobación.
Kohlberg propuso un modelo acerca del desarrollo de la moral, la evolución del juicio moral hace alusión a los sentimientos de miedo, responsabilidad y culpa. El niño decide su accionar correcto porque inicialmente teme el castigo, posteriormente lo hará pensando en su autoimagen, su miedo no será el castigo sino el dejar de ser querido, posteriormente habrá interiorizado las enseñanzas recibidas y si actúa en contra de ellas sentirá culpa. El conjunto de ese proceso, Kohlberg lo denominó pre convencional. Posteriormente, en la adolescencia se desarrolla la conciencia social, por lo tanto el juicio moral se hace reflexivo en función al cumplimiento de las normas y reglas sociales.
El juicio ético puede equipararse con la sexta etapa del desarrollo moral de Kohlberg, la última del estadio post convencional, articulada con la autoconciencia de los criterios utilizados para la consecuencia de su “juicio moral”. La persona de desliga de los referentes normativos al enfrentar dilemas éticos, su discernimiento deja de ser referencial, se hace consciente, como señaló Kierkegaard, la persona trasciende al contexto y autotrasciende porque debe abandonar sus intereses para propiciar el bienestar del otro.
Es interesante corroborar esta aproximación a las decisiones éticas con los estudios neuropsicológicos del juicio  moral. Las decisiones morales son procesadas a nivel de las regiones corticales, principalmente en la zona prefrontal obicular superior; mientras que las decisiones éticas son procesadas en regiones subcorticales como la ínsula y el cíngulo.
En la psicoterapia los dilemas éticos  son cotidianos, los terapeutas debemos tomar decisiones éticas en el momento de asumir una intervención. La terapia de pareja tiene sus orígenes en la solución de esos dilemas. Era común escuchar la versión de uno de los cónyuges sin conocer al otro, de tal modo que se trabajaba con la persona sin tener la panorámica completa. Usualmente al escuchar la versión de la pareja la anterior quedaba incongruente. Al tener a ambos cónyuges en las sesiones de terapia nos liberamos del sesgo que significa escuchar a solo uno de ellos.
Otra situación común se presenta cuando un hijo o hija en sesión individual enuncia un tema que lo pone en riesgo o arriesga a otras personas: ¿es pertinente informar de ello a los padres? La situación es compleja, no hay manera de estar seguros si lo que los pacientes nos dicen son verdades, parafraseando a Dr. House: “todos mienten”. La decisión la debemos tomar en la más profunda soledad, no existe un referente externo que nos diga lo conveniente. Además de hacer un cálculo de probabilidades tenemos que revisar nuestros principios morales y trascenderlos para actuar.
Todo mi quehacer como terapeuta se rige al principio de la benevolencia, esto es, hacer lo posible para no dañar. Sin embargo, no se trata solamente de no dañar al paciente, sino a las personas que interactúan con él o ella. El enfoque relacional sistémico nos obliga a ver más allá de la persona, lo cual es favorable para el respeto de quienes no están con el terapeuta en su consultorio.
La actitud ética, por lo tanto no está regida a los momentos de intervención solamente, sino a la relación establecida con las personas que asumen su papel de pacientes. Esa actitud es la dirección que toma nuestra valoración del otro, el sentido deberá siempre ser el bienestar, la dignidad y el respeto.
Debo contrastar mis creencias y valores con los de mis pacientes. Dilucidar sobre las coincidencias y diferencias. Reflexionar sobre la posibilidad de respetar las que la persona trae consigo. Si no es posible debido a colisiones entre sus creencias y valores con los míos, debo evitar hacerme cargo de los problemas que la persona trata de resolver con mi trabajo. No se trata de adoctrinar al otro en lo que yo considero como deben ser las cosas, es tener la capacidad de construir de manera conjunta una relación que no sea dañina ni para los pacientes ni para el terapeuta.
Desde esa perspectiva es importante que los pacientes conozcan mis creencias y posturas con la vida, los sustentos principales de mi actitud moral, afianzados como parte de mi ser y que no podrán ser puestos en el juego de la negociación. Caso contrario puedo caer en el error del adoctrinamiento en lugar de ayudar en el proceso de resolver problemas.
He seguido de cerca a colegas con vida consagrada, por supuesto que para ellos y ellas el trabajo terapéutico ha significado una crisis en su vocación religiosa. Algunos y algunas no lograron el equilibrio cuando se percataron en que las exigencias éticas de la psicoterapia sobrepasaban la posibilidad de sostenerse dentro de su estilo de vida. Dejaron la psicoterapia y se inclinaron hacia la consejería dentro de los marcos de su vida consagrada.
Alguna vez escuché que los terapeutas debemos ser “amorales”. Eso es imposible, puesto que nuestra condición humana nos obliga a definir nuestro accionar dentro de un sistema de valores, a su vez asentados en principios morales. Un terapeuta amoral es inconcebible, es más probable uno inmoral.
La actitud ética obliga a considerar válidos los sistemas morales de nuestros pacientes siempre y cuando no atenten contra el bienestar de las personas. No se trata de ubicarnos en una situación moral relativa a las singularidades, postura común en las visiones posmodernas, donde la maldad se asocia con la construcción social de realidades, entonces, el malvado es víctima de sus circunstancias socio históricas. Planteamiento por demás absurdo, anula el libre arbitrio, condenando a las víctimas por ser propiciadoras de los actos de sus agresores, en un afán de conciliar realidades.
Los razonamientos dialécticos apuran síntesis ajenas a las clases de análisis, presentándose como resultado de la lucha de contrarios, fomentando de esa manera actitudes contrarias al bienestar de las personas. No se trata de trascendencias, sino de inmanencias porque fomentan y justifican la violencia.
Sobre todo está la dignidad de las personas, independientemente a su sexo, edad y cultura. No está bien justificar el mal porque así es en determinada sociedad. Por ejemplo, no está bien que la mujer sea sometida en la cultura aymara o que se maltrate a los niños porque así nomás es. La trascendencia es el medio a través del cual el terapeuta o la terapeuta son capaces de cuestionar los sistemas morales y los juegos de vida.
Según la filosofía de Kierkegaard, la trascendencia es consecuencia de la angustia ante la libertad, el desbrozarse sobre el abismo de la nada, el vivir en la incertidumbre del absurdo. Darnos cuenta de que nuestro ser es a pesar de las circunstancias establecidas por el mundo. Unamumo contempla la existencia inerme ante la inminente muerte, vivimos en un sinsentido maquillado por las construcciones sociales de los logros personales en la vorágine de la competencia, como si al ser el mejor espantáramos a la muerte. La cruda contemplación de nuestra miseria ante la inmensidad del universo y la omnipotencia de Dios nos hace desesperar.
La desesperación es inevitable para la construcción de la vida de un(a) terapeuta. La angustia ante el sufrimiento de nuestros pacientes es inevitable. Sin embargo la actitud ética nos permite trascender, por lo que podemos ser irreverentes con las convenciones y juegos de la vida. Mantendremos la reverencia ante el sufrimiento y el dolor, la última capa que cubre la esencia humana común a todos.
El proceso más difícil al cual estamos obligados a someternos en nuestro oficio es la autotrascendencia. Concepto formulado por Viktor Frankl en la Logoterapia. Autotrascender es llegar más allá de uno mismo, es la búsqueda del sentido de la vida, salir de sí para encontrarse en el ser con los otros; cuando el otro se hace más importante que uno mismo. Es la base del amor, la posibilidad de entrega.
La psicoterapia se enmarca en el amor caritativo, es prestarnos a ayudar al otro entregándonos en plenitud. Estamos obligados a renovar nuestro conocimiento científico en relación a las técnicas eficientes para la solución de problemas asociados a los trastornos mentales, debemos estar prestos a reconocer nuestras limitaciones teóricas y técnicas, además de vislumbrar las resonancias en la atención de los pacientes para poder discriminar mi yo del otro en un vaivén permanente entre la empatía y la ecpatía.   




LA CONMOCIÓN EN LA PSICOTERAPIA SISTÉMICA

LA CONMOCIÓN EN LA PSICOTERAPIA SISTÉMICA
Por: Dr. Bismarck Pinto Tapia, Ph.D.
Miremos la perla. La perla es un producto del dolor y del sufrimiento. Atormentada por una materia extraña incrustada en su blanda carne, la ostra responde abrazando el objeto irritante hasta transformarlo en una pieza de gran belleza. La creación de la perla no sólo proporciona alivio a la ostra sino que también es una fuente de asombro y placer para muchos hombres. ¡Pero cuidado! El brillo único de la perla puede ser destruido fácilmente. Tintes o aceites pueden contaminar y destruir su belleza. Perlas depositadas en viejas tumbas a menudo se pudren con el cadáver de su propietario y su polvo se mezcla con el polvo de la muerte.
Sadhu-ji
Uno
 de los problemas más debatidos en el ámbito de la psicoterapia ha sido la pertinencia o no de la neutralidad del terapeuta. El psicoanálisis decidió por una paradoja, la asociación libre, suponiendo que de esa manera se evitaba influir en el paciente. Rogers propuso desarrollar unja vinculación empática, mientras Perls presentaba su terapia eminentemente directiva. La terapia cognitiva comportamental se afianzó en la objetividad del enfoque experimental aplicado al ámbito de la relación terapéutica.
Watzlawick y el equipo de Palo Alto a partir de los supuestos epistemológicos propuestos por Bateson, definen la imposibilidad de no comunicar como un axioma de la comunicación humana, y con él el postulado de una terapia eminentemente manipuladora, en la cual la manipulación es un procedimiento benevolente.
Las clarificaciones epistémicas formuladas por Von Foerster y las especulaciones sobre la objetividad de Maturana recaen en el planteamiento de Magoroh Maruyama acerca de la segunda cibernética. En la primera cibernética en el énfasis es puesto en el sistema de control regulado por el observador, podemos decir: el observador observa el sistema. Von Foerster hace referencia a la cibernética de la cibernética, para reflexionar acerca de ¿quién observa al observador?, de esa manera las disquisiciones epistémicas se centran en los procesos personales de quien observa, por ello la frase ahora es: el observador observando observar el sistema.
Las consecuencias de la ampliación de la visión del contexto terapéutico derivaron en críticas a la neutralidad del terapeuta, Carlos Sluzki define la importancia del construccionismo en la psicoterapia sistémica y Moni Elkaïm introduce el término “resonancias” para redefinir el concepto freudiano de contratransferencia.
Los cursos de formación en terapia sistémica conllevan la urgencia del trabajo personal de los estudiantes, partiendo del supuesto: es imprescindible conocer tu propio sufrimiento para recibir el sufrimiento del paciente. Se hizo también indispensable la formación con equipos supervisores alojados detrás de un espejo de visión unidireccional, para la detección de las resonancias en los aprendices y la posterior reflexión sobre su incidencia en el proceso terapéutico. Determinándose una recaída en el quehacer psicoanalítico donde el análisis es obligatorio para los futuros psicoanalistas. La diferencia es notable, en el caso de los psicoanalistas el proceso de análisis personal visa como objetivo central el control de la contratransferencia para evitar la influencia; en nuestro caso, el autoconocimiento hace alusión a la necesidad de utilizar las resonancias para introducirlas en la relación terapéutica.
Pienso que es posible identificar dos formas de concebir la psicoterapia, en la primera el fin es el cambio de la situación problema, en la segunda, además de promoverse el cambio se trabaja en la búsqueda de sentido (parafraseando a Viktor Frankl).
El síntoma se instala como un refugio para protegernos de las arremetidas vigorosas de quienes deciden impedir nuestra existencia a través de la desprotección y la legitimación. Así el síntoma me protege y me da identidad. Lamentablemente con el tiempo el síntoma devora nuestra vida y dejamos de vivir, por ello es más conveniente el retorno del monstruo a enfrentar el vacío dejado por el desamor.
Metafóricamente el síntoma es el cobertor del vacío. Reconocernos ausentes en la presencia, genera un inmenso sufrimiento, el cual subyace en las profundidades del infierno.
Juan Luis Linares ha elaborado un modelo fundamentado en la parentalidad y la conyugalidad para demostrar la activación de los procesos de identidad del sí mismo depresivo. La armonía entre los dos sistemas permite el desarrollo funcional de los hijos, el desequilibrio (armonía parental-desarmonía conyugal; armonía conyugal-desarmonía parental; desarmonía conyugal y parental) fomentas las alteraciones de identidad concomitantes a los diversos estados depresivos. Se trata de personas con una forma de vida anegada en el sufrimiento y el desamor. Se instalan en sus relaciones interpersonales los juegos de poder, con ellos la incapacidad de amar y reconocer ser amados, remembranzas trágicas de estilos de apego inseguros.
La desazón ante la incapacidad de encontrar reparación ante la pérdida se transforma en desesperación y con ella se produce el grito del sufrimiento vertido en el silencio agónico del vacío tremendo y oscuro, sin nombre. Es entonces cuando el síntoma se torna anodino, no es suficiente su precaria protección, ha quedado desnuda la miserable existencia de la soledad indefensa.
La familia interviene desconcertada ante la presencia insoslayable de la denuncia al falso amor patentada en la desesperación del paciente (el que sufre). Los profesionales de la salud mental hablarán de crisis o brote, para culpabilizar a la patología del desaforo producido. Hacen caso omiso al aforismo que dicta: si alguien grita, es probablemente que lo haga porque quiere ser oído. Y nadie escucha, entonces el síntoma se hizo presente, las lágrimas no alcanzan entonces llora la vejiga, la demanda no se escucha entonces grita el cuerpo, la rabia no encuentra asidero entonces emerge el vómito, etcétera.
Cuando el síntoma no alcanza a cubrir al vacío, surge nauseabunda desde el fondo del alma oscura la depresión, al no poderse esconder en la banalidad de las conductas sintomáticas. Puede emerger constreñida en ideaciones suicidas o desbordada en intenciones homicidas, talvez paralizando la vida de la persona en un perenne boicot de la felicidad. Esta es la circunstancia más difícil para afrontarse en la psicoterapia.
Difícil porque conmueve al terapeuta cuando éste encuentra referentes personales resonantes en la relación con el paciente, la pareja, la familia o el grupo. Experiencias personales archivadas o irreconocibles despertadas del letargo en la evocación provocada por el sufrimiento ajeno a la palabra manifestado por el paciente, el grito de la voz silenciosa del vacío.
Difícil porque puede ser inadmisible encontrar un referente personal, produciendo la inefable angustia en el afán de comprender el padecimiento, sin esquemas para definir la empatía indispensable en el vínculo relacional terapéutico.
Son las dos circunstancias que obligan a la remoción de la pasividad racional del terapeuta. Es urgente la conmoción. Palabra derivada del latín conmotiõ, según el diccionario de la Real Academia Española: Movimiento o perturbación violenta del ánimo o del cuerpo. Es exactamente eso en psicoterapia, la presencia de una perturbación ante el dolor del paciente.
Adelaide Berardi me decía en la formación como terapeuta familiar: “debes vaciar el dolor de tu corazón para recibir el dolor del paciente”. Frase extraña en su momento, aún sin la experiencia de vida y con experiencia terapéutica nobel, tuvieron que pasar muchas cosas en mi existencia y en mi práctica clínica para que pueda entenderla: debo contemplar mi sufrimiento para escuchar el silencio moribundo de los gritos desesperados del paciente. Eso es conmoverme.
Para conmoverme ante el sufrimiento debo sumergirme en las vivencias estancadas del abandono, soledad, desprotección, descalificación: palabras que intentan expresar la terrorífica sensación de inexistencia. Sólo mi accionar hacia el reconocimiento de aquello considerado ajeno a los demás permitirá a la persona diluir su depresión en la nueva sensación de sentirse vivo a partir de la legitimación del terapeuta, o del accionar del terapeuta que conmueve a la pareja, a la familia o a los miembros del grupo presentes en el instante intenso de la recuperación del sí mismo.
¿Qué hacer cuando la conmoción se produce a partir de la resonancia? Buscar dentro de nuestra propia historia los recursos utilizados para confrontar aquella experiencia similar a la reactivada en la sesión terapéutica. Reconocer que nuestros recursos no necesariamente son los del paciente, pero la puesta en común de ellos permitirá a ambos la reflexión sobre alternativas de solución.
Debemos hacer consciente lo consciente. Tomar contacto con las reacciones de nuestro cuerpo cuando recibimos el sufrimiento del paciente. Evitar la racionalización o la distracción. Es importante asumir el dolor que nos produce el sufrimiento. Además no se trata de una técnica, sino de la experiencia relacional legítima. Debería ser imposible no conmovernos ante el tormento de los pacientes. Nuestro trabajo tiene que ver sustancialmente con el alivio del sufrimiento, para lograr nuestra eficacia laboral debemos ser expertos en conocerlo al dedillo.
El enfoque sistémico define la terapia como un proceso relacional, así que no se trata de un profesional y un usuario, se trata de dos o más personas interactuando entre ellas, uno de ellos es el terapeuta, el experto en el sufrimiento. Ingresar al sistema implica involucrarse con su dolor, reconocerlo y comprenderlo. Será irrelevante para el paciente, la pareja, la familia o el grupo si no percibe nuestros afanes para ingresar a la turbulencia de su tormento.
La conmoción deriva en la compasión. La compasión es un sentimiento moral, según la tradición aristotélica hace referencia al dolor que sentimos ante el sufrimiento desafortunado e injusto de una persona que nosotros seríamos incapaces de soportar. Se trata de un sentimiento altruista indispensable para motivarnos en el auxilio de los demás.
Esta manera de proceder define una manera de trabajar en la psicoterapia sistémica, Carl Whitaker le llamó terapia experiencial. También creo que no todos los psicoterapeutas podrán incluir en su estilo esta manera de involucrarse con el paciente. Está bien, sin embargo independientemente a ello vale la pena reflexionar sobre la conmoción para clarificar su postura relacional.







La familia y la terapia familiar estructural.


La familia y la terapia familiar estructural.
Lic. Claudia Lorena Velez Colque

Las cosas vivas tienden a unirse, a establecer vínculos, a vivir
unas dentro de las otras, a regresar a ordenamientos anteriores,
a coexistir cuando es posible. Es el curso del mundo.
Lewis Thomas.

             La  terapia familiar estructural nace con Salvador Minuchin en 1970-1979.  Minuchin trabajaba en el área clínica de un psiquiátrico con poblaciones marginadas de Estados Unidos, con jóvenes que presentaban problemas psicosomáticos, observó que  estos al ser externados, recaían al regresar  con sus familias. [1]  Esto llevó a Minuchin a reflexionar sobre sus estrategias y buscar modificar sus intervenciones terapéuticas, considera que la terapia estructural familiar debe ser  una terapia de  acción.
A partir de sus reflexiones sobre la familia y su influencia sobre sus miembros, desarrolla uno de sus fundamentos principales de la terapia estructural: el contexto y la relación de los miembros de la familia como los responsables de la aparición del síntoma, como un esfuerzo para mantener la homeostasis dentro del sistema. (Desatnik, 2004)
            Los términos sistema, homeóstasis, síntoma son algunas de las palabras claves que se utilizan dentro de la terapia estructural. A partir de este momento se deja la visión centrada exclusivamente en el individuo y se amplía hacia todo el sistema familiar, el terapeuta se vuelve un observador de las relaciones familiares, se involucra en el sistema para generar cambios en este, realiza movimientos estratégicos dentro del sistema acercando o distanciando a sus miembros, cambiando las posiciones y devolviendo la jerarquía.

Según Minuchin la familia es la matriz donde se desarrolla la identidad. Menciona que la identidad tiene dos componentes: sentimiento de identidad y el de separación lo que se conoce en terapia sistémica como proceso de individuación.
 El sentimiento de identidad o pertenencia a un grupo familiar se da cuando el niño se adapta a la familia y adopta las pautas transaccionales de ella. El sentido de identidad de una persona se ve influido por su pertenencia en varios grupos.  Una persona a su vez puede ser hija, hermana, amiga y madre.
            La separación o individuación se logra cuando el niño participa en otros  subsistemas dentro de la familia y fuera de ella.
            Para poder analizar a las familias los terapeutas deben tener un marco conceptual del funcionamiento familiar.
 La  familia es un sistema que opera  dentro de contextos sociales específicos.  Se compone de 3 elementos: a) la estructura de una familia  es un sistema socio cultural abierto en proceso de trasformación.  b)  la familia se desarrolla  atravesando etapas que le exigen reestructurarse, c) la familia  se adapta a circunstancias cambiantes  manteniendo su continuidad  y el crecimiento social de sus miembros. (Minuchin, 1983)
A partir de la noción de la familia como un sistema,  desarrolla el concepto base de la terapia estructural,  la estructura familiar que se entiende por: “Conjunto invisible de demandas funcionales que organizan los modos  en que interactúan los miembros de una familia. Una familia es un sistema que opera a través de pautas transaccionales”.[2] 
 Las transacciones repetidas  establecen pautas  de cómo, cuándo y con quienes,  se relacionan los miembros de una familia. Estas pautas sirven para regular las conductas de los miembros de la familia. Las  pautas se mantienen  por dos sistemas de coacción: 1) las reglas universales que gobiernan la organización familiar.  Los padres tienen un nivel mayor de poder sobre los hijos (jerarquías),  la pareja  actúa como un equipo donde las funciones son

complementarias. 2)  la conforman las expectativas de los miembros de la familia, relacionadas con acontecimientos diarios.
            Cuando las circunstancias cambian la estructura familiar debe tener la capacidad de adaptarse a estos cambios, las familias atraviesan por diferentes crisis que requieren cambios en el funcionamiento familiar, estos cambios son externos e internos,  las más comunes son las crisis vitales que atraviesan las familias en crecimiento, estas son: nacimiento, adolescencia, matrimonio, nacimiento de hijos, crianza de los hijos, jubilación, muerte. Y las crisis externas que pueden ser accidentes, desastres naturales, etc.
Minuchin (1983) en su libro “ Familias y Terapia Familiar” plantea  la diferencia entre familias  con problemas transicionales las cuales tienen problemas en la acomodación a nuevas circunstancias, y las familias patológicas, que frente a las nuevas circunstancias (nacimiento, adolescencia, matrimonio, etc.) incrementan la rigidez de sus pautas y límites, en estas familias el terapeuta  se involucra en el sistema, formando coaliciones para modificar el sistema, la reestructuración del sistema  sirve para transformar las pautas transaccionales disfuncionales.
Dentro la terapia estructural los límites dentro de la familia son un área de evaluación importante,  en un subsistema los límites  se constituyen por las reglas que definen quienes participan y de qué forma. La función de los límites es proteger la diferenciación de un sistema,  el sistema familiar tiene funciones específicas y plantea demandas específicas para cada miembro (Minuchin, 1983). Los límites en cada subsistema deben ser claros, por un lado deben permitir el desarrollo de cada miembro del subsistema sin interferencia, pero también permitir el contacto entre miembros de otros subsistemas.  Ejemplo: Un nuevo matrimonio necesita un espacio propio para que los esposos puedan relacionarse como pareja y desarrollar sus propias reglas familiares, pero al mismo tiempo siguen siendo hijos, hermanos, tíos etc. y también se relacionarán con sus familias de origen, visitando a sus padres en ocasiones.
Dentro del contexto de la terapia estructural  la claridad de los límites dentro de una familia permite al terapeuta hacer una evaluación del funcionamiento familiar. Minuchin, define tres tipos de límites familiares, los límites difusos: familias donde  los miembros se agrupan

creando un microcosmos, la comunicación y la preocupación entre los miembros incrementan, la distancia entre los subsistemas disminuye y los límites se esfuman.  La conducta de un miembro de la familia afecta a todos los miembros, estas familias carecen de recursos para adaptarse al cambio y a situaciones de estrés, son familias donde es muy difícil que un miembro pueda emanciparse, esto es vivido como una traición, se las conoce como familias aglutinadas.
            En las familias con límites rígidos, la comunicación entre los subsistemas es muy difícil, hay escasez de funciones protectoras dentro de la familia, los miembros de estas familias funcionan de forma autónoma,  poseen un desmedido sentido de independencia y de liberación, a diferencia de las familias aglutinadas, los miembros de estas familias carecen de sentimientos de lealtad y pertenencia, y de requerir ayuda mutua cuando la necesitan. Estas familias toleran una amplia gama de variaciones individuales entre sus miembros. Este tipo de familias tienden a no responder cuando es necesario hacerlo, se las conoce como familias desligadas.  Ejemplo: Niños que crecen sin los cuidados  de los padres.
La mayoría de las familias se sitúan entre el continuo de familias aglutinadas y desligadas, conformando familias con límites claros. Por ejemplo: Familias donde  en momentos dados  unos miembros se acercan más, ejemplo una mamá con el bebé que necesita su cuidado, y etapas donde  los miembros se alejan un poco, en la adolescencia el punto de referencia y centro de atención del adolescente son sus amigos, (grupo de pares), y los padres pasan a segundo plano, en estas familias se permite el libre movimiento de sus miembros.
            El sistema familiar se diferencia y desempeña sus funciones por medio de sus subsistemas,  cada miembro de la familia puede pertenecer a diferentes subsistemas, lo que en muchas ocasiones genera confusiones dentro de los miembros de la familia, al mezclar las funciones de cada miembro en cada subsistema, una labor del terapeuta es hacer que la familia reconozca que  aunque los miembros de la familia pertenecen a varios subsistemas a la vez, estos subsistemas son diferentes al igual que las funciones que desempeñan en cada subsistema. Un varón puede cumplir el rol de padre y esposo al mismo tiempo,  pero puede ser un muy buen padre, y carecer de habilidades para ser buen esposo.

Subsistema conyugal, se constituye cuando dos adultos se unen con la intención de constituir una familia,  este subsistema posee tareas específicas para el funcionamiento de la familia, se requiere de complementariedad y acomodación mutua para desempeñar sus funciones, ambos esposos deben apoyarse mutuamente. Crear un sentido de pertenencia, pero al mismo tiempo conservar cierta independencia en sus actividades, este subsistema puede ser un refugio para los esposos ante los estresores externos.
 Los límites dentro del subsistema conyugal deben ser flexibles para permitir el ingreso de otros subsistemas como el de los hijos, pero también deben tener una rigidez para proteger al subsistema conyugal de interferencias externas como de los miembros de la familia de origen de los esposos.
 El subsistema parental,  con el nacimiento del primer hijo se forma este subsistema, al alcanzar la familia un nuevo nivel de formación,  el subsistema  debe desempeñar nuevas tareas para satisfacer las demandas del nuevo miembro, sin dejar de lado el mutuo apoyo del subsistema conyugal, los padres permiten el ingreso del hijo a su subsistema, pero al mismo tiempo ponen límites que permiten que se mantenga el subsistema conyugal. Según va creciendo el niño impone más demandas al subsistema parental para su socialización, este subsistema debe adaptarse  a estas demandas. El proceso de socialización de los hijos es conflictivo. Los padres necesitan de un nivel de autoridad para desempeñar sus funciones. Este concepto de poder en las relaciones familiares Minuchin lo llamo jerarquías.
 Subsistema fraterno, es el conformado por los hermanos, es el lugar para la socialización de los niños, los hermanos se apoyan, aíslan, descargan sus culpas y aprenden uno de otro a negociar, competir,  cooperar.  Aprenden a hacer amigos y reconocer sus habilidades, estos aprendizajes  pueden ser significativos en el desarrollo de su vida, cuando los niños entran en contacto con los demás niños fuera de la familia utilizan las pautas del subsistema fraterno. Los padres deben evitar interferir en el subsistema fraterno para que este tenga derecho a su privacidad y pueda cometer errores en su crecimiento.
 Al hablar del subsistema parental, se mencionó a las jerarquías,  las cuales están definidas como: “Las posiciones que ocupan los distintos miembros de la familia con relación al


ordenamiento jerárquico dentro del sistema, y marca la subordinación o supra-ordinación de un miembro respecto a otro”.  Ósea como define la función del poder y sus estructuras  la familia, orilla a una diferenciación de los roles de padres e hijos y sirve como fronteras entre generaciones (Desatnik, 2004).

            Minuchin se refiere a los  procesos de triangulación cuando explica los problemas que pueden existir con los límites de los subsistemas, cuando un subsistema recurre siempre a un mismo no miembro para resolver conflictos del subsistema. Por ejemplo cuando los padres recurren a un hijo para evitar o alejar los conflictos que existen entre ellos.

Utilizó el término de tríada rígida cuando  los límites entre el subsistema parental y el hijo se hacen difusos donde los hijos suben al nivel de los padres, y los límites relacionados con la tríada padres-hijos, que deberían ser difusos, se hacen rígidos. En la resolución de sus conflictos conyugales, los padres hacen una utilización rígida del niño, adoptando varias formas:

1)      En la triangulación, cada padre intenta que el hijo se una a él para ir contra el otro padre. Cada vez que esto sucede, el padre no aliado percibe el comportamiento del niño como un ataque hacia su persona, acarreando un sufrimiento importante en el niño al encontrarse en una situación de inmovilización o estancamiento.

2)       En el rodeo, las situaciones de tensión de los cónyuges se “resuelven” centrando toda la atención en algunos comportamientos del niño, reforzando su conducta anómala, percibiendo al niño  como fuente principal de los problemas familiares etiquetándolo como malo, desvían así la atención de sus problemas en el subsistema conyugal, y tienen la ilusión de la armonía.  En otras ocasiones pueden percibir al niño como débil o enfermo uniéndose para protegerlo.

3)      La coalición estable, uno de los padres se alía con el hijo para ir en contra del otro
          padre.

           
Estos tres tipos de tríada rígidas pueden aparecer en familias con problemas de conducta. Minuchin relaciona estos tipos de transacciones familiares con familias que tienen hijos con síntomas psicosomáticos diversos. (Minuchin, 1977).

            En las tríadas el terapeuta tiene como objetivo, reestructurar la organización del sistema, haciendo movimientos para colocar  a los miembros de los subsistemas en los subsistemas adecuados.  Más tarde  Haley en 1988,  desarrolla  una teoría de los sistemas patológicos, centrándose en las relaciones triádicas.

Según Haley las tríadas se diferencian de los triángulos, en que en las tríadas la alianza  del padre o madre con el hijo es consciente y el padre o madre sabe como diferenciarse de su hijo y este mantiene a la vez relaciones adecuadas con el otro progenitor quién es también consciente de esta estrecha relación la cual no significa una amenaza para él comprometiéndose fácilmente también con el niño. En cambio en un triángulo, existe una coalición de dos miembros que poseen diferente jerarquía o que pertenecen a dos generaciones diferentes (por ejemplo madre-hijo), esta coalición es dirigida contra el otro miembro de la tríada (padre). [3]

            El triángulo y la tríada forman parte de un continuo, el triángulo tendría la función de disminuir la tensión de la díada, desviando el conflicto hacia una tercera persona.
Haley definió como triángulo perverso: a las situaciones en las que este juego familiar se torna patológico conduciendo a comportamientos inadecuados y relaciones de violencia entre sus miembros o a la propia disolución del sistema. Así, los síntomas psicopatológicos aparecerían cuando la coalición no se reconoce o es negada, o cuando estando dentro de un triángulo, se permanece en este escenario durante mucho tiempo sin que esta situación sea consciente para sus miembros.

En el triángulo perverso los límites que separan a los miembros de distintas generaciones se rompen de forma inconsciente u oculta, permaneciendo durante mucho tiempo esta


circunstancia. Esto supone  un problema serio para el desarrollo de la individualidad y las relaciones sociales del individuo que está triangulado al no ser consciente de este juego.

A partir del modelo desarrollado por Salvador Minuchin se genera un cambio trascendental  en la terapia,  hasta ese tiempo la terapia estaba centrada en el individuo y sus síntomas, sin tomar en cuenta a la familia ni al contexto. Se trataba de conocer los procesos internos de la persona situando la patología al interior del individuo,  al colocar la patología dentro de la persona el camino más habitual de los terapeutas en la terapia era el de  aislar a la
persona  para solucionar sus problemas o el síntoma presentado, los terapeutas creían que la influencia del medio familiar en la terapia podría ser contraproducente en la efectividad del tratamiento.

El nuevo enfoque de Minuchin permitió incluir a la familia y al contexto en la terapia, cuando en lugar de centrarse en el individuo (Paciente identificado), se centra en la familia y sus relaciones que generan y mantienen el síntoma. La terapia estructural familiar es un cuerpo de teoría y técnicas que estudian a la persona en su contexto social, en la terapia se intenta modificar la organización familiar que da lugar al síntoma.

A partir de sus observaciones desarrolla tres axiomas que son la base de la terapia estructural:
1)      La vida psíquica de un individuo no es exclusivamente un proceso interno. El individuo influye sobre su contexto y es influido por éste mediante secuencias repetidas de interacción.

2)      Las modificaciones en la estructura de un sistema contribuyen a la producción de cambios en los comportamientos y consecuentemente en los procesos psíquicos internos de los miembros de ese sistema.





3)      Cuando se trabaja con un individuo o con su familia, su comportamiento se incluye en ese contexto socio-cultural. [4]

El enfoque relacional de la terapia estructural permite al terapeuta una visión ampliada del problema presentado por el individuo, cuestionando que el paciente identificado sea el problema,  viéndolo como el portador del síntoma, el síntoma es un esfuerzo de la familia por mantener el sistema,  el trabajo del terapeuta es modificar la organización familiar a través de diferentes técnicas. Minuchin desarrolla diferentes recursos para evaluar la organización familiar,
los cuales están expuestos anteriormente, los límites, subsistemas y sus funciones, jerarquías y las alianzas y coaliciones a través de las tríadas, una vez realizado un diagnóstico adecuado de la organización familiar pone en prácticas estrategias para la reestructuración familiar,  el terapeuta al facilitar  modalidades alternas de interacción en el sistema, cambias las posiciones de los miembros de la familia y  modifica la experiencia del individuo y de la familia, y sus experiencias subjetivas. A diferencia de los demás modelos terapeúticos, el terapeuta al ingresar y salir del sistema se vuelve parte de él para generar el cambio esperado.

La terapia estructural es la base de la terapia sistémica, las terapias desarrolladas posteriormente terapia breve, terapia centrada en el problema, terapia centrada en soluciones, terapia estratégica y terapia narrativa se desprenden de los axiomas postulados por Minuchin.

Es importante mencionar que si bien este modelo ha sido muy eficaz en la resolución de problemas una de las críticas más grandes a la terapia estructural ha sido  que este modelo al centrarse en la familia y en sus relaciones ha dejado de lado la individualidad pasando por  alto la historia personal  y los procesos internos del individuo.

Casi 50 años después de haber desarrollado  la terapia estructural  en su libro “Evaluación de Familias y Parejas, del Síntoma al Sistema”, Minuchin reconoce  que la terapia estructural en sus inicios no tomó en cuenta  los procesos psíquicos del individuo,  menciona que en  la


actualidad mantiene los conceptos fundamentales de la terapia estructural,  esto es: organización familiar, límites, jerarquías, subsistemas, tríadas, pero además  trabaja  en la historia personal y los procesos psíquicos internos de la persona los cuales dan significado a su experiencia,  refiere que con el pasar del tiempo su estilo terapeútico ha cambiado, y que ha usado técnicas de muchos autores sistémicos (Haley, Goolishian, Virginia Satir, De Shazer) entre otros, las cuales él las ha moldeado a su estilo, revisando constantemente sus intervenciones con el fin de mejorarlas.

            Concuerdo con Minuchin cuando dice que con el pasar de los años y la experiencia adquirida el estilo terapéutico individual también evoluciona, crece, al igual que nuestro conocimiento, el estar en una actualización permanente de teorías, técnicas, modelos es un deber moral, revisar las intervenciones con nuestros pacientes es primordial para ver qué podemos hacer mejor durante la terapia,  una misma técnica puede ser utilizada por varios terapeutas de diferentes formas ya que cada terapeuta le pondrá su estilo propio el cual está de acuerdo con su personalidad. El mantenerse rígido en un solo enfoque impide el crecimiento, el creer que somos “todo poderosos”  y “los expertos” en el problema del paciente, lejos de hacernos buenos terapeutas nos hace soberbios y nos aleja de ellos,  el conmovernos con el dolor de las personas y el ser humildes con nuestro conocimiento, reconociendo que tenemos limitaciones, facilitará  el proceso terapéutico y el adecuado relacionamiento con la familia para alcanzar nuestros objetivos  dentro la terapia.








Bibliografía.

2.      INFAD Revista de Psicología
International Journal of Developmental and Educational Psychology, Nº1, 2009. ISSN: 0214-9877. pp:473-482.

3.      Salvador Minuchin, Michel P Nichos, Wai YUng Lee. “Evaluación de familias y parejas del síntoma al sistema”. Paidós 2011.

4.      Salvador Minuchin. “Familias y Terapia Familiar”. Gedisa 1983.












[1] Modelo Estructural,  Salvador Minuchin,  http://maestriaterapiafamiliarunam.weebly.com/uploads/6/1/1/9/6119077/modelo_estructural_monografia.pdf
[2]  Salvador Minuchin, Familias y Terapia Familiar. Gedisa 1983.
[3] INFAD Revista de Psicología
International Journal of Developmental and Educational Psychology, Nº1, 2009. ISSN: 0214-9877. pp:473-482
[4]  Ibid pg 1.

PSICOTERAPIA FAMILIAR: UN ENCUENTRO HACIA LA LIBERTAD

PSICOTERAPIA FAMILIAR: UN ENCUENTRO HACIA LA LIBERTAD
POR: PAMELA FERREIRA VACA GUZMÁN
PSICÓLOGA /PSICOTERAPEUTA
“Un psicólogo no le dirá lo que tiene que hacer con su vida, le hará analizar las variables, diferentes perspectivas, posibilidades, le hablará desde la ciencia sobre su motivo de consulta, le planteará estrategias creativas. Pero al final usted decide que quiere hacer con su vida”
Anónimo
A lo largo de los años la psicoterapia ha ido evolucionando, en un principio el trabajo se centraba más en la persona, sin embargo en el transcurso del tiempo surge la terapia familiar, donde uno de los pioneros para el trabajo terapéutico es Carl Whitaker quién señala que cada individuo que forma parte del sistema familiar es importante para el proceso terapéutico, por ello el objetivo de la terapia familiar es un crecimiento personal mediante el cual se debe debilitar al síntoma para dar impulso y empujar a la familia a sanar.
Whitaker señala que cada uno de los miembros de la familia son capaces de jugar y crear, por ello el terapeuta debe desarrollar habilidades como ser la espontaneidad, ser convincente y auténtico y debe propiciar en la familia estos aspectos para que cada miembro pueda ser él mismo para promover la expresión de sentimientos y emociones.
Es por esta razón que para el autor es importante que todos los miembros de la familia participen en el proceso terapéutico, esto quiere decir que se debe incluir a la 1ra, 2da y en lo posible hasta la 3ra generación, ya que mientras más amplia sea la familia, más enriquecedora es la información respecto a las características de la familia y el síntoma con el cual llegan a la consulta.
Una vez que la familia asiste a consulta el terapeuta debe adentrarse en el mundo del otro, debe centrarse en aspectos positivos de la familia, los recursos con los que cuenta, debe optimizar sus recursos para conocer a cada miembro de la familia pero no desde una mirada de experto, sino al contrario siendo más auténtico y humano, es decir siendo el mismo, con todos los recursos personales que el posee.
El objetivo de que el terapeuta actué siendo auténtico, contribuye a que cada miembro se sienta libre de ser él mismo, sienta la libertad de sentirse enojado, triste, feliz sin que se sienta cohibido de expresar sus emociones y es ahí donde se crea un ambiente de libertad y seguridad, donde paciente y terapeuta se vuelven co creadores de una nueva dinámica de interacción, donde el objetivo principal es movilizar a la familia para que realicen acciones diferentes y nuevas a las que cotidianamente desarrollaban, bajo esta dinámica es cuando surge el verdadero encuentro terapéutico.
Whitaker cree que la gente ha olvidado cómo entender y expresar sus sentimientos y permanece en un estado “congelado”. El principio del trabajo terapéutico es la “descongelación” y esto se convirtió en una de las reglas del trabajo con la familia.  
Adentrándonos en el desarrollo de la teoría que plantea dicho autor, primero debemos señalar que como terapeutas debemos tener claro que el matrimonio está compuesto por dos personas que provienen de diferentes familias, cada familia cuenta con componentes culturales, sociales, ideológicos diferentes. Por ello señala que cuando recibimos a una familia debemos identificar qué tipo de matrimonio es y en qué etapa se encuentra.
Una vez recibida a la familia e identificados los aspectos señalados anteriormente, tenemos un largo camino que recorrer para conectar ambos mundos llamados familias el de la esposa y el esposo para entablar una comunidad donde se respete la individualidad, se debe desarrollar la unidad y la integridad social y psicológica y se debe propiciar la tolerancia a las diferencias.
El enfoque de Whitaker se centra principalmente en los mitos familiares y las normas relativas a la expresión de los sentimientos. Por ello el involucrar a todos los miembros de la familia hasta en tres generaciones es importante para que ellos se conviertan en aliados en vez de un obstáculo para el proceso terapéutico, así mismo el incluir a los niños en el trabajo terapéutico contribuye a que ellos les enseñan a sus padres sobre la honestidad y espontaneidad, ya que aunque ellos no están sumergidos en el problema con las características de autenticidad que poseen también son facilitadores en el trabajo del terapeuta.


Whitaker introdujo la idea de la “Batalla de la estructura” y “Batalla por la iniciativa”. El primer concepto hace referencia al análisis de la estructura familiar en ella están inmersas los mitos, creencias, alianzas, recursos con los que cuenta la familia y que el terapeuta debe identificar y promover los recursos positivos para movilizar y generar un cambio en la dinámica, esto lo realiza desde una posición externa pero facilitadora para promover el cambio. El segundo componente que es la Batalla por la iniciativa hace referencia a que el terapeuta debe generar un espacio de presión y persuasión el cual carece de directrices claras y obliga a la familia a generar sus propios recursos de afrontamiento y tomar el asunto en sus propias manos.
Dada la situación señalada por Whitaker donde, en el encuentro terapéutico están inmersas las emociones y recursos personales de la familia y el terapeuta, él señala que es importante contar con un coterapeuta quien podrá identificar las reacciones contratransferenciales que el terapeuta pueda tener y ayudarlo a salir de las trampas emocionales en las que pueda estar inmerso, además este trabajo en equipo permite interactuar selectivamente con los diferentes miembros de la familia y los diferentes subsistemas.
Dentro de las características de la psicoterapia familiar, el autor identifica tres etapas primordiales en el proceso, las cuales son:
1. Etapa temprana o inicial: Cuando el terapeuta familiar determina su posición y quién es responsable de qué en el sistema terapéutico, el terapeuta toma las riendas de cómo se va a llevar a cabo el proceso terapéutico, quienes vendrán a la sesión, en que momento, cuándo, dónde, por cuanto tiempo, el terapeuta debe asumir una posición de poder y dominio al interior de la familia, en esta etapa se ve claramente como bien señala el autor la batalla por la estructura.
2. El centro del escenario: Cuando la familia está trabajando para cambiar su sistema, en esta etapa el tratamiento se centra en que la familia identifique sus propios recursos y deben tomar el control de la situación y de sus propias vidas, la iniciativa debe venir de ellos, el terapeuta debe propiciar la expresión de sentimientos, propiciar la toma de decisiones, ésta etapa es también llamada la batalla por la iniciativa.
3. El terapeuta y la familia divididos: Cuando el terapeuta devuelve las riendas a la familia. En esta etapa es cuando se forma el acuerdo entre el terapeuta y la familia y es aquí donde surge la alianza terapéutica la cual Whitaker la describe de la siguiente forma “Estoy tratando aquí con la familia como un todo que es mayor que la suma de sus partes. Yo soy capaz de considerar siempre a la familia como un solo cuerpo de múltiples facetas, todas las partes que están relacionadas entre sí, y que este hecho permite una alianza con ellos. Aunque para el observador externo puede ser lejos de ser evidente, mi experiencia dice que la familia siente que están interesados en mí como un todo”.
Si partimos de esta premisa ahí surge el verdadero encuentro terapéutico donde en la relación terapeuta – familia, se convierte en un encuentro terapéutico liberador ya que es personal y auténtico, el terapeuta se encuentra en la libertad de confrontar a los miembros de la familia y posibilita a los miembros a actuar de forma libre y creativa.
Sin embargo en este encuentro terapéutico puede surgir el impase donde la familia llega a un estancamiento, en esta etapa el terapeuta debe recurrir a sus recursos creativos como invitar a más miembros de la familia o a un tercero, con el objetivo de movilizar y propiciar el cambio en la familia.
Una vez que se logra movilizar a la familia se puede lograr que la misma comience a trabajar con sus problemas, ahí él o los terapeutas actúan como padres de familia que enseñan a sus hijos a ser más independientes, propician la toma de decisiones, brindan apoyo y seguridad para que la familia afronte nuevos retos, por ello el terapeuta en la etapa inicial debe insertarse en el sistema de forma natural, siendo el mismo, siendo una persona que tiene virtudes y defectos, por ello se debe mostrar tal cual es.
Si en el proceso terapéutico, el terapeuta identifica un estancamiento, o un sentido de daño a la familia, debe tomar la iniciativa en sus propias manos y puede continuar la terapia con los subsistemas de forma individual o propiciar el corte y derivación, o puede solicitar el apoyo de un coterapeuta.
Cabe señalar que la psicoterapia de Carl Whitaker es inseparable de la implicación emocional y personal en el proceso terapéutico, el terapeuta ante todo es una persona que trae consigo sus sentimientos, pensamientos, miedos y estos aspectos pueden favorecer o entorpecer la terapia, por ello el coterapeuta es necesario en este proceso ya que contribuye a sacar del abismo en el cual se puede sumergir el terapeuta si cae en una relación contratransferencial.
En todas las etapas mencionadas se utilizan diferentes técnicas las cuales contribuyen a la interrupción de la dinámica familiar, entre las cuales se puede mencionar según el autor la nueva definición del síntoma, ofrecer alternativas fantásticas y confrontación afectiva.
La nueva definición del síntoma, hace referencia a desenmascarar el síntoma para cambiar la actitud de la familia hacia el problema.
En mi experiencia como terapeuta infantil, pude observar que los niños traviesos, malcriados y desobedientes actúan de esta manera porque en realidad no son capaces de expresar claramente las necesidades afectivas que poseen, es decir tratan de llamar la atención de sus padres portándose mal, siendo agresivos porque les es difícil decir “Papá o mamá ¿Por qué no me prestas atención? ¿Qué acaso no me quieres?”, el síntoma surge como una necesidad de auxilio que pide socorro, el terapeuta debe redefinir esto y utilizar los recursos positivos de la familia para minimizar y desarmar al síntoma.
Para ello puede utilizar alternativas fantásticas, utilizando preguntas como por ejemplo: ¿Qué pasaría si?..., es brindarle a la familia opciones que no habían pensado aún, utilizar recursos creativos, absurdos, para movilizar a la familia y llevarla a la acción para que no se comporten de forma habitual.
Whitaker también habla sobre la confrontación afectiva, donde el terapeuta entra en confrontación con los miembros de la familia, propicia la comunicación entre ellos, facilita la expresión de sentimientos y los insta a comportarse de forma más activa, propicia la expresión de ira, aburrimiento, tristeza, disconformidad lo cual genera un fuerte efecto en la familia, la revoluciona al punto de generar una reorganización y es ahí donde se produce un salto emocional de libertad, donde la familia expresa sus sentimientos de amor, apoyo, se enseña a la familia a utilizar el contacto físico, se desarrolla una comunicación abierta donde existe la libertad de usar malas palabras, dejar de lado convencionalismos y estereotipos.
Y es ahí donde surge el enfoque experiencial donde Whitaker señala que el absurdo y la espontaneidad son las principales características de su técnica, las cuales son efectivas en el proceso terapéutico ya que en ella se desarrolla el crecimiento personal, la formación de la individualidad y la autonomía.
Tomando en cuenta el trabajo realizado por Carl Whitaker es importante destacar que el ve al terapeuta como un agente creativo, capaz de desarrollar el crecimiento de cada uno de los miembros de la familia a través de la apertura a nuevas experiencias que contribuyen a debilitar al síntoma.
En su libro Danzar con la Familia Whitaker, hace referencia a que la terapia es un arte, ya que obliga al terapeuta a desprenderse de la teoría y ser el mismo para poder comprender y sumergirse en el mundo de cada uno de los miembros de la familia, el terapeuta tiene que tener la capacidad de conocer a profundidad a cada uno de los miembros que componen el sistema, compartir sus experiencias, vivencias, miedos. El terapeuta debe explorar ambos mundos el del esposo y su familia de origen, el de la esposa y su familia de origen e identificar todos los aspectos convergentes y divergentes para desarrollar y potencializar un punto de encuentro entre ambos mundos donde surja la comprensión el amor, la comunicación, la expresión de sentimientos, la aceptación de las diferencias y desarrollar la autonomía.
Además en su libro el Crisol de la familia señala la importancia que la autonomía,  la liberación, el crecimiento y atrevimiento personal permite a cada uno de los miembros de la familia a mirar su propia imagen interna. Según Whitaker “La libertad de elección es el derecho del individuo a ser él mismo”, éste aspecto marca la línea de trabajo terapéutico donde se manifiesta plenamente el concepto de libertad ya que en el encuentro terapéutico se trabaja en la aceptación de cada persona que compone la familia con sus defectos y virtudes, pero también la aceptación del terapeuta como persona, la cual también viene con defectos y virtudes, ambos (paciente – terapeuta) actúan y co crean una nueva forma de relacionarse  y actuar, en total libertad, logrando así un encuentro liberador, espontaneo y auténtico, asimismo señala la importancia de la expresión de emociones y sentimientos para crear redes significativas al interior de la familia.
En lo que respecta a la labor del terapeuta es importante destacar que, al ser un agente activo debe escuchar, recibir y analizar el sufrimiento, debe ser y estar en el encuentro terapéutico, debe exigir y exigirse, debe acompañar y compartir el crecimiento de la familia para dar un aire fresco a la habitación en penumbra que temporalmente comparte el terapeuta y la familia.

Referencias:
1. Whitaker C., Bailando con la familia: La terapia familiar: un enfoque simbólico basado en la experiencia personal/Traducido. de Inglés. Arizona Shapiro.- M:. Una firma independiente Clase (Biblioteca de psicología y psicoterapia) - p. 119
2. Whitaker C. Midnight Musing of a family therapist.  Reflexiones familia/Trans. de Inglés. Michigan Zavalova.- M:. Una empresa de clase independiente (Biblioteca de la psicología y la psicoterapia).- 1998. - 208 p.
3. Eydemiller EG, Yustitskis B. Psicología y Psicoterapia de la familia.- 3ª ed.- SPb: Pedro, 2002. - 656 con: il.- Serie" Fondo de oro de la psicoterapia»